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El 13 de agosto de 1867, se reunió el Comité Revolucionario de
Bayamo en la casa del abogado
Pedro (Perucho) Figueredo,
para elaborar los planes que debían desencadenar el movimiento
independentista cubano. Allí se le sugirió al propio Figueredo que
compusiese "nuestra Marsellesa". Esa madrugada, la del 14 de agosto,
plasmaba el revolucionario bayamés la melodía del que llegaría a ser
nuestro Himno Nacional. Se le llamó
La Bayamesa
como expresión de su carácter revolucionario y del lugar en que
nacía la rebeldía nacional.
El 8 de mayo de 1868, Figueredo le solicita al músico
Manuel Muñoz Cedeño
la orquestación de aquella marcha, canto épico que se distanciaba de
los himnos con perfiles sacros, himno de guerra y de victoria que
debía llamar al combate y exaltar el sentimiento patrio. El 11 de
junio de 1868 logró Figueredo que se tocase en la Iglesia Mayor de
Bayamo. Catorce meses después de creada la melodía de nuestro himno,
Figueredo le incluye la letra.
El 10 de octubre de 1868 se inicia la Revolución y diez días
después, el
20 de octubre,
es tomada Bayamo por las fuerzas insurrectas. En medio de la alegría
y el bullicio de las tropas rebeldes, mezclada con la muchedumbre
jubilosa, al lado de
Carlos Manuel de Céspedes
y otros patriotas, y en medio de los gritos que solicitaban la letra
de aquel himno, Figueredo sacó lápiz y papel de su bolsillo y
cruzando una pierna sobre la montura de su caballo escribió la letra
que, copiada de mano en mano, a coro con la música, se cantó por
primera vez por todos los que allí participaban. A partir de
entonces sus notas presidieron todos los actos del movimiento
independentista y ha llegado hasta hoy, como la expresión del
carácter patriótico de nuestro pueblo.
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